-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

La vergüenza.

Círculo vital.


A veces me pregunto hasta qué punto la vida es un ciclo; si los acontecimientos se siguen unos a otros formando una línea que empieza y acaba en el mismo punto, para de nuevo volver a empezar. Y a veces me pregunto en qué posición exacta me hallo del trayecto: y entonces todo se vuelve más difícil, más confuso, porque encuentro finales que se solapan con comienzos y empieces que no terminan. Y todo se vuelve difuso y me parece que aunque sepa en qué parte de la circunferencia me encuentro, aunque pueda dividirla en diez partes iguales, en realidad es irrelevante si sé que estoy en el segundo fragmento empezando por la izquierda. Porque aquí no hay izquierdas ni derechas, porque rota la circunferencia y en un instante el norte queda al este y el mundo patas arriba.

A veces también pienso en lo paradójica que es la vida. Me doy cuenta de que sólo cuando creo que ya no hay nada que hacer, cuando ya he perdido toda certeza, encuentro la auténtica liberación. Una vez que me dejan de importar las cosas me emancipo de mí misma y vuelvo a unirme con el mundo que me rodea. Y me vinculo a él de la manera más pura, para luego volver a mi propio cuerpo y verlo todo con ojos de recién nacido. Y sólo cuando he tocando fondo, cuando me he encontrado tan hundida en un océano salado que únicamente veía la luz que habían retenido mis retinas, cuando sólo veía las sombras proyectadas contra el suelo de arena y agua de las verdaderas cosas que acontecían en el mundo, entonces, y sólo entonces, me he dado impulso con las piernas, he llegado a la superficie y he tomado la mayor bocanada de aire de mi vida y me he aferrado a la claridad. Y aquí estoy, en algún lugar de mi círculo. Y he aprendido que no debo centrar todos mis esfuerzos en saber dónde estoy exactamente, sino que simplemente tengo que disfrutar de la luz y del viento y de la lluvia y del sonido de las gotas en los charcos y del olor a hierba mojada. Y si mañana mi norte cambia, yo cambiaré con él.

Y, pase lo que pase, sé que siempre podré contar con las piernas fuertes que heredé para que me impulsen si vuelvo a hundirme en lo profundo del mar.





Para I., por estar siempre a mi lado en el camino, cuando todo está seco y cuando el agua me llega al cuello.

El desvío.


- ¿Te gusta la Navidad?
- La detesto.
- Yo también.
(Silencio).
- ¿Y entonces qué hacemos yendo a casa de tu madre?
- Todos los años lo hacemos así. Nos espera.
- Si ella también odia estas fiestas...
- Es cierto.
(Él cambia de emisora).
- Si no fueramos a casa de tu madre, si no existiera esa tradición, ¿dónde te apetecería pasar esta Nochebuena?
- Mmmm... En lo alto de la colina, supongo. Siempre me ha gustado ver las luces de la ciudad contigo.
(Silencio).
- Da la vuelta. Nos largamos.

Al aire.

Le escribo estas líneas al aire porque mis pensamientos son densos como la pintura, y necesito manchar un papel de tinta: agotarlos, diluirlos. Es un intento a ciegas para ver si se licuan un poco y permiten que se filtre algo de luz que haga las cosas más claras. Supongo que será infructuoso pero siempre será mejor, porque hasta el alba las agujas del reloj van a ser espadas, que cruzarme de brazos, sentarme y esperar.

¿Esperar? Esperar a que pase la noche, a que el aura invernal que se cuela por las rendijas de mi persiana deje de enfriar esta habitación y de apretar lazos.

¿Lazos? El que se ha formado en mi garganta y el que ha dibujado mi laringe un poco más abajo. Los que no dejan que el oxígeno limpie mis venas y me hacen rumiar palabras constantemente. Una y otra vez, una y otra vez, como el flujo incesante de las fuentes de un río. No quiero llamarte, no quiero escribirte, no quiero siquiera pensar en volver a verte…

¿No quiero? De nada sirve engañarse, claro que quiero. Y me gustaría no estar confundida y no llorar mientras escribo. Y me gustaría que tu recuerdo fuera en sepia, como en una película antigua, y que las heridas mal cicatrizadas dejaran de escocer. Y quisiera que todo fuera como al principio, y poder entregarte esta carta en mano y sonreír y tocar suavemente tus yemas con mis dedos. Y quisiera haber dicho muchas cosas que no dije y haberme callado otras que escupí. Pero si rebusco entre todos mis anhelos encuentro algo que me hubiera gustado que sucediese por encima de todo lo demás. Algo que haría un dique en mis pestañas y desataría los nudos de mi cuerpo: me gustaría que las cosas hubieran sido distintas, me gustaría no tener motivos para estar triste esta noche, me gustaría poder hablar contigo sinceramente de lo que pienso y de lo que siento. Todo esto es cierto.

Pero sobre todo me gustaría poder haberte comprendido como te merecías.

Premio amante literario.

1. Mostrar la imagen del premio.




2.-Agradecerlo a quien lo ha concedido: es evidente que le debo mil y un gracias a mi Michelle, a mi Misha, a esta maravilla de barcelonesa que se atreve a regalarnos la llave de su inmenso corazón para que nos asomemos cuando la lluvia cae. Gracias por tu apoyo incondicional y por tus textos sinceros.

3.-
Explicar porqué amo tanto leer. Porque cerrarme en mis propios sentimientos, limitarme sólo a ellos, sería una enorme estupidez: porque ahora que sé que se puede sentir lo que otros sienten, aunque estén a cientos de kilómetros, no puedo dejar de hacerlo. Porque necesito mi dosis diaria de empatía, porque necesito salir unos minutitos de mi cuerpo cada día y entrar en el de otros.

4-Conceder el premio a otros blogs:

a) A Michelle, mi Misha, por supuesto. Ya te lo han concedido una vez, pero es que te lo mereces por duplicado. Porque sabes que adoro when the rain fall.
http://sintiendoelairealreves.blogspot.com/

b) A Ayelish, porque con sus pedacitos de realidad prendidos de un papel hace los días tristes más llevaderos. Gracias por entregarnos la felicidad en pequeñas dosis de palabras. http://lavidaenpedazos.blogspot.com/ http://retazosdesueos.blogspot.com/

c) A Fille de la Nuit, la Hija de la Noche, por sus extraordinarios poemas, y por sus palabras de aliento cuando han hecho falta. Aquí tienes a una seguidora fiel que nunca va a cansarse de tus escritos.
http://enlavidadelaspalabras.blogspot.com/ http://inthebackofsansmind.blogspot.com/

d) A Fernanda Zepeda, porque su blog es una mezcla de relatos, música, poemas y dibujos que quitan el aliento.
http://fernandazepeda.blogspot.com/

e) A Ignacio J. Rivas, mi nihilista favorito. Tu blog es soberbio desde el dibujo que acompaña al título hasta el último de los post.
http://fulanitodecual.blogspot.com/

f) A Pluma Roja, por enseñarnos que hay detrás de los colores de las flores. Feliz Navidad a ti también :)
http://plumarojablogspotcom.blogspot.com/

g) A Don Juan, porque sumergirse en tu realidad aparte es respirar oxígeno puro. Tu último post es una maravilla.
http://unaraparte.blogspot.com/

h) A Karla Preciado, por poner tanto corazón en su profesión como en sus escritos.
http://karlapreciadomendoza.blogspot.com/

i) A Mirna, porque desde Marte llegan tus susurros claros y vívidos y llenos de cortante realidad. Por tus post fascinantes.
http://mirnaenmarte.blogspot.com/

j) A Jolie, por mostrarnos desde la barandilla el enorme mundo que se extiende ante nosotros.
http://cerrandoporderribo.blogspot.com/



PD: a todos, a los presentes y a los ausentes, gracias por vuestras palabras. Nunca dejeis de escribir.

El Cielo y el Infierno.

- Mi abuelo me contó una historia sobre los palillos chinos. Una noche Confucio soñó que iba a visitar a los condenados al Infierno. Se sorprendió mucho al ver que el Infierno era un precioso salón de banquetes, y que los condenados estaban sentados alrededor de una mesa que crujía bajo el peso de la comida más deliciosa que jamás había visto. Podían comer todo lo que quisieran, pero tenían que usar palillos, y los palillos medían un metro y medio de largo. Los condenados tenían un hambre canina. Mirando agónicamente toda la comía que tenían delante de ellos, eran conscientes de que incluso teniendo toda la eternidad para solucionar su problema jamás lo conseguirían. Entonces, a Confucio le llevaron al Cielo. Y en el Cielo había un salón de banquetes idéntico, lleno de deliciosa comida. La gente que estaba alrededor de las mesas estaba alegre y contenta, pero ellos también debían cumplir la misma regla: la comida sólo se podía comer con palillos que medían metro y medio de largo. Sólo que en el Cielo se daban de comer unos a otros.


Extracto de la película La sabiduría de los cocodrilos, dirigida por Po-Chih Leong en 1998.

Gracias por resistir, Aminetu.


Gracias por aguantar. Gracias por haber luchado hasta el final; hasta casi, literalmente, el último aliento. Y no dejo de dar gracias por este casi.
Ahora que estás de nuevo en casa no podemos permitir que se olvide la lucha de tu pueblo, que su calvario permanezca latente y vivo, pero en nuestro olvido.
Gracias por resistir, Aminetu. Gracias por tu gran ejemplo.

Aminetu, no te mueras.


No te mueras, Aminetu. Resiste, resiste cuanto puedas. Eres la valentía hecha mujer, eres un ejemplo.
Estamos contigo y con el pueblo saharaui.

¿Y qué importa lo que piense el resto?

Hay días en los que está arriba y días en los que se hunde en el asfalto como si éste fuese de arena. Hay días en los que no le importa nada y otros en los que presta atención hasta al vuelo oscilante de los insectos. Algunas veces cambia de canal durante horas porque no encuentra nada que consiga captar su atención más de once segundos y otras veces se queda hipnotizada viendo flotar motas de polvo en un rincón. Hay días en que no piensa absolutamente en nada y otros en los que los engranajes de su mente no se paran ni un momento [y a veces descubre que los primeros han sido más productivos]. No sabe mucho de la vida. Dicen que las cosas le han sido fáciles siempre, que han ido llegando hasta ella como si se deeslizasen por una pista de mantequilla, y que el único mérito que puede atribuirse es haber frenado con el pie-con un levantamiento suave, corto, sencillo- el rítmico descenso de éstas. Y ahora tiene veintitantos y casi nadie le ha dicho que está orgulloso de ella, y no tiene una gran batalla que contar a sus nietos ni un carácter fuerte o muy definido. Hay días en que se siente voluble, pequeña; se siente una bolsa de plástico con la que juegan las corrientes de aire entre los edificios. Pero está ahí, de pie, y ya es más de lo que muchos esperaban de ella. Está ahí y aguanta las trombas de agua con una fuerza que la gente desconoce. Y sabe que no quiere ser una de esas personas que no paran de lamentarse por todo y sabe que casi nadie conoce ni reconoce sus luchas y sus victorias.
Y ni falta que hace. Ella siente las cicatrices que recorren su piel y lo que ha batallado para que éstas cierren. Sólo quien la mira de verdad puede verlas, y ella sabe que sólo esas personas merecen averiguar que hay dentro de esa niña de vida fácil. ¿ Y qué importa lo que piense el resto?

La Bonham Carter.


Siempre he dicho que si fuera actriz definitivamente mataría por (algunos de) los papeles que le dan a Helena Bonham Carter. Cosas que tiene una, que siente debilidad por personajes muy, muy sombríos, de esos en los que convergen tantos caminos y tan enmarañados que son prácticamente inescrutables. Cosas que dan que pensar...

Y es que siento una especial pasión por su Mrs. Lovett de Sweeney Todd y la Marla Singer de Fight Club ("Marla era como esa herida en el paladar que cicatrizaría si dejaras de tocarla con la punta de la lengua, pero simplemente no puedes"). Seguirá siendo siempre un placer contemplar la fascinante oscuridad de estos personajes.

Las diez cosas que me gustan y no cuestan tanto.

A propósito de un texto de hace unos días, uno de esos que se escriben cuando te sientes bajo tierra y más abajo, Aarón Arboleyda, amansalocos experimentado donde los haya (recomiendo fervientemente pasar por su blog: es un remanso de locura en un mundo jodida y cruelmente cuerdo), me dijo que me refugiara “en lo simple, tan sólo hacer una lista de "las diez cosas que me gustan y no cuestan tanto" a veces levanta el ánimo”.
Bien, he aquí mi lista:
1- Llamar a ese amigo que es sencillamente luz e invitarle a unas cañas (un par de horas de conversación con alguien así vale mil veces más lo que cuestan éstas).
2- Leer algo de Truman Capote.
3- Mirar por la ventana del bus al volver por la tarde de la facultad: Madrid anocheciendo, rosa y añil, entre el hierro de los edificios y el algodón de las nubes, es un espectáculo impresionante que muy pocas veces me paro a disfrutar.
4- Tumbarme en la cama con la música muy alta y sumergirme en los acordes.
5- Hacer cualquier cosa a la luz de las velas.
6- Ver una peli de Kate Winslet.
7- Cantar a todo pulmón, desafinando, por supuesto, mientras alguien toca la guitarra. No conozco momentos de felicidad más plenos que esos.
8- Contar chistes absurdos, o anécdotas o cuentos o historias exagerándolas mucho (es justo eso lo divertido) en el parque de debajo de casa, mientras la noche va pasando y Venus se mueve de un lado a otro del cielo azuloscurocasinegro.
9- Ir a una exposición de fotografía.
10- Escribir en el blog lo primero que se me ocurre, dejando que las palabras fluyan entre el corazón y los dedos, sin que lleguen a pasar por el tamiz censurador del cerebro.


Propósito número uno de fin de la primera semana de diciembre: llevar al menos dos de los puntos que anteceden a la práctica.

Por esos atardeceres que te dejan sin aliento.


Algunos días me paro a respirar, y resulta que se está haciendo de noche en mi Madrid y yo no me he dado ni cuenta...
Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.