-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

País de borregos.

Vivo en un país en el que, según un estudio realizado hace pocas semanas, la tercera fuerza política, si se presentase a unas elecciones, sería Belén Esteban (para quienes tengan la suerte de no conocerla, una señora cuyo mayor logro ha sido divorciarse de un torero y dedicarse a ir contando su vida y milagros por las cadenas de televisión, orgullosa de casi no haber acabado los estudios primarios).

Vivo en un país en el que los programas del corazón se encargan de engrosar las arcas de la descendiente de un ex-dictador (léase Carmen Martínez-Bordiú, nieta de Franco), repletas ya de dinero ganado de la forma más desonrosa posible.

Vivo en un país, ya que estamos hablando de dictaduras, en el que chicos de dieciséis años se consideran fascistas y dicen "con Franco se vivía mejor", cuando ellos nacieron veinte años después de su muerte.

Vivo en un país en el que se mira por encima del hombro a los inmigrantes, sin que nadie parezca recordar que la mayoría de nosotros descendemos de quienes tuvieron que irse a Alemania o Argentina, por citar dos ejemplos, en busca de una vida mejor.

Vivo en un país en el que un 70% de la población, ante la pregunta:
- ¿Quién es para usted el español que más ha aportado al mundo en toda la Historia?"
Contestarían:
- Villa.
Y les volverían a preguntar:
- ¿Y Ortega y Gasset?
- ¿Quién?
- ¿Ramón y Cajal, Garzón, Lorca, Dalí...?
- No conozco. Pero si no les vale Villa, creo que Iniesta también ha hecho mucho por el mundo.
- Está bien, déjelo.
Y se irían tan anchos a escuchar en la televisión a la Esteban y a Carmen Martínez Bordiú.

Vivo en un país en el que veo esto día a día. Ya nadie va a conseguir convencerme de que éste no es un país de borregos.
Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.