-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

"Mundo teletienda"

A pierna suelta se nos duerme
cada noche la conciencia,
aunque haya niños buscando
Lunnis por los vertederos.

Desafiante como un perro
nos vigila el mercado.
Cómpralo aunque esté hecho
por niños encadenados.

Crónica negra de africanos
en nuestros telediarios.
Sanguinarios mercenarios
con tan solo 9 años.

Ladrones de infancias,
verdugos de inocencias,
cómplices de un genocidio
en este mundo teletienda.

Grasientos imperios
primer mundo de indolentes.
Bienestar que construimos
sobre la sangre de imberbes.

Alcohol y pegamento y si hay suerte
cocaína y caballo.
Niños con muchos camellos
pero pocos reyes magos.

Putas esclavas sin la regla
subsisten por su entrepierna.
Nos follamos a sus hijos
en vez de hacerles escuelas.

Niños obreros, desnutridos,
torturados y violados
son los que hacen los juguetes
de nuestros niños mimados.

Ladrones de infancias
verdugos de inocencias.
Cómplices de un genocidio
en este mundo teletienda.

Grasientos imperios
primer mundo de bastardos.
Estamos creando monstruos
y ellos a niños soldado.


Los de marras, Mundo teletienda.



"Canto a mí mismo", de Walt Whitman.

32. Creo que podría volverme a vivir con los animales.
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo mirándolos días y días sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios...
No hay ninguno descontento,
ni ganado por la locura de poseer las cosas.
Ninguno se arrodilla ante los otros,
ni ante los muertos de su clase que vivieron miles de siglos
antes que él.
En toda la tierra no hay uno solo que sea desdichado o venerable.

Duerman tranquilos, señores policías.


El otro día, en una de esas tardes en lo que lo único que te pide el cuerpo es que dejes de bañarte en un mar salvaje y te subas durante unas horas a una barca para respirar, caminaba en dirección a Sol por la calle Preciados. Era el anochecer de un día límpido, también caluroso, y todo el centro de Madrid estaba abarrotado. Se oían voces y risas y el estrujarse de bolsas de plástico por todas partes, y en una de las paredes del lado derecho había unas cuantas estanterías llenas de libros que unos grandes almacenes había rebajado. Todo estaba tranquilo en su agitación, era una tarde normal de sábado en aquellos lugares.
De repente empezaron a escucharse pisadas apresuradas, carreras y gritos, y seis o siete africanos y un indio corrieron calle abajo cargados de bolsas y mantas dobladas y llenas de objetos. Detrás, la luz azulada de dos motos de la policía les pisaba los talones, esquivando a los cientos de personas que presenciaban el suceso. Abajo, un tercer grupo de municipales había atravesado un coche en la desembocadura de la vía.
Y parecían gatos monteses y ratones, perros de caza y pequeños conejos, aves de rapiña y presas fáciles. Animales salvajes.
Los policías, orgullosos tratando de agarrar a siete hombres que se ganan la vida como pueden, llegarán a sus casas con la satisfacción del trabajo bien hecho: de haber limpiado las calles, de haber protegido a los ciudadanos.
Y mientras, a dos calles (literales) de allí, en la famosa Montera, una prostituta en cada esquina y un chulo que la mira de cerca. Y una paliza ignorada cada poco rato y tráfico de seres humanos y repulsión y vergüenza. Y la vista gorda por parte de las autoridades.
Señores policías, miren ustedes bien en sus adentros cuando se metan en la cama, piensen si realmente han hecho bien su trabajo o han utilizado un placebo para su conciencia. Porque tan culpable es el que ordena la comisión de injusticias como los mandados que, pudiendo rebelarse, no lo hacen.
Y, mientras, sigan metiendo en el calabozo a inmigrantes que intentan sobrevivir sin dañar a nadie y condenen una eternidad más a las prostitutas de Montera en su cárcel al aire libre.
Duerman tranquilos, sí.

Amarga ironía.


Cada vez soporto menos los gritos (los de dentro y los de fuera), y cada vez siento más la tensión como una bruma que se va haciendo más densa, viciando el aire de todos los lugares de esta casa. Y el pasillo está atravesado por mil cables invisibles que se entrecruzan y entrelazan y me impiden caminar, y la cocina no es más que una celda de azulejos blancos y sueños quemados. Y al final acabo mirando entre las llamas de la vitrocerámica por si encuentro las respuestas que una vez algunos encontraron en otros lugares y otros tiempos, y termino rascando con un cuchillo en la base de las sartenes por si alguien ha dibujado un mapa bajo la capa antiadherente. Y me desespero porque mi sexto sentido sólo me permite percibir la tensión como una tela de araña que todo lo abarca. Pero mi limitada percepción número seis se queda encanchada en la seda proteica y cuanto más se retuerce más se apresa.
Amarga ironía.
Y acabo sentada con la cabeza entre las manos y mirando entre el alcohol de todos los vasos que encuentro-por si hay escondida una llave-. Mas el metal no flota y tengo que vaciarlos para advertir que tampoco está en el fondo. Y respirar se hace más difícil y cada vez hay más hilos atados a mis piernas, y el corazón me resbala por todos los rincones de esta cárcel encubierta.
Y espero más y más, y sueño tanto y tan firme que mi cerebro empieza a astillarse. Y veo las puertas aparentemente abiertas y los lazos invisibles que me atan a esta casa como si fueran cadenas de hierro y casi muero de agonía. Y por primera vez las personas a las que quiero son cargas amarradas a mis tobillos que no me permiten huir lejos, muy, lejos. Y mi vida transcurre encerrada en un presidio que aun teniendo mil ventanas me impide la fuga.
Amarga ironía.

Ni un minuto más de silencio: 016.


"Cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, según datos de Naciones Unidas. Y al menos una de cada cinco es víctima de malos tratos en su propio hogar, según la OMS. En pleno siglo XXI, no hay ni un solo país en el que hombres y mujeres tengan el mismo estatus, ni las mismas oportunidades. En 2002, el Consejo Europeo declaraba la violencia doméstica como un "mal endémico", al ser la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 44 años".

Y es que esta no es una lucha ajena, no es una guerra "de ellas". Esta es una lucha común: tan suya como nuestra. Yo creo en la concienciación, creo en la revolución social y en la evolución mental de las personas. Creo en un mundo donde a los niños se les eduque desde la igualdad y el respeto al otro sexo. Creo en la capacidad de la mujer para seguir luchando contra todas las trabas que se le imponen y creo en la victoria final. Creo en el equilibrio entre los sexos. Aún sigo creyendo en la capacidad humana de rectificar ante sus evidentísimos errores.
Creo en el cambio, y el cambio empieza aquí y ahora. El cambio está en ti, en mí: en nuestras manos...

No caben justificaciones. No hay excusas.
El silencio también lastima. ¡Rómpelo!
Teléfono de atención frente al maltrato: 016.

Visitas.

Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.