-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

Vigilia


Había una vez un país donde unos pocos consiguieron que la mayoría interiorizase la máxima "el trabajo duro se recompensa" como una verdad indiscutible, y nos tragamos el sueño americano como una píldora contra la desesperanza. Pero yo mantuve el placebo un tiempo descansando en mi lengua y después de ver lo que vi y de sentir lo que sentí hoy lo escupo y me quedo con mi futuro sin sueños y con la realidad sin filtros. Porque la vida es una carrera de fondo, y no todos partimos desde la misma línea de salida.  Todos somos iguales en el momento de nuestro nacimiento: nos arrojan al mundo desnudos, indefensos, llorando. Para algunos, para los poderosos y los sin escrúpulos, la vida se ablanda y las metas parecen alcanzables. Otros, los invisibles, los que viven en vigilia, mueren como han nacido, y su existencia se torna en un laberinto circular.


Pero ellos insisten en repetir el mantra vacío que inventaron como una dosis de morfina para los que viven en la espiral infinita. Y así les mantienen ciegos ante la injusticia de las condiciones de su nacimiento, con la cabeza gacha y el cerebro lleno de palabras de esperanza. Sumisos. 


Nunca más. 




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Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.