-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
No olvidemos el problema SAHARAUI. No nos olvidemos de HAITÍ.
"Consérvelo como un recuerdo de que ser duradero y perfecto, ser de hecho un adulto, es ser un objeto, un altar, una figura en una vidriera de colores: una cosa apreciable. Sin embargo, es mucho mejor estornudar y sentirse humano"
En ocasiones parece que las cosas no marchan como deberían o, directamente, que no marchan. Y se nos acaban las ideas, y ya no sabemos sobre qué escribir o hablar o sencillamente pensar. Y nos parece que el tiempo se detiene y se nos viene a la cabeza la imagen, mil veces utilizada en las películas, de copos de nieve o de granos de polen suspendidos en el aire, quietos, como si la corriente que los acuna se hubiera detenido. Y tenemos miedo de estancarnos, o incluso de llegar a dar un paso atrás. Parece que lo más fácil es acurrucarse en una esquina a observar cómo el polen flota eternamente a nuestro alrededor. Pero de lo que no nos hemos dado cuenta es de que ese impasse ha durado sólo un instante: el tiempo que hemos retenido el oxígeno en los pulmones. Y cuando respiramos otra vez todo vuelve a su velocidad natural, y el aire mece el polen, y la vida sigue hacia delante.
Vivo en un país en el que, según un estudio realizado hace pocas semanas, la tercera fuerza política, si se presentase a unas elecciones, sería Belén Esteban (para quienes tengan la suerte de no conocerla, una señora cuyo mayor logro ha sido divorciarse de un torero y dedicarse a ir contando su vida y milagros por las cadenas de televisión, orgullosa de casi no haber acabado los estudios primarios).
Vivo en un país en el que los programas del corazón se encargan de engrosar las arcas de la descendiente de un ex-dictador (léase Carmen Martínez-Bordiú, nieta de Franco), repletas ya de dinero ganado de la forma más desonrosa posible.
Vivo en un país, ya que estamos hablando de dictaduras, en el que chicos de dieciséis años se consideran fascistas y dicen "con Franco se vivía mejor", cuando ellos nacieron veinte años después de su muerte.
Vivo en un país en el que se mira por encima del hombro a los inmigrantes, sin que nadie parezca recordar que la mayoría de nosotros descendemos de quienes tuvieron que irse a Alemania o Argentina, por citar dos ejemplos, en busca de una vida mejor.
Vivo en un país en el que un 70% de la población, ante la pregunta: - ¿Quién es para usted el español que más ha aportado al mundo en toda la Historia?" Contestarían: - Villa. Y les volverían a preguntar: - ¿Y Ortega y Gasset? - ¿Quién? - ¿Ramón y Cajal, Garzón, Lorca, Dalí...? - No conozco. Pero si no les vale Villa, creo que Iniesta también ha hecho mucho por el mundo. - Está bien, déjelo. Y se irían tan anchos a escuchar en la televisión a la Esteban y a Carmen Martínez Bordiú.
Vivo en un país en el que veo esto día a día. Ya nadie va a conseguir convencerme de que éste no es un país de borregos.
32. Creo que podría volverme a vivir con los animales. ¡Son tan plácidos y tan sufridos! Me quedo mirándolos días y días sin cansarme. No preguntan, ni se quejan de su condición; no andan despiertos por la noche, ni lloran por sus pecados. Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios... No hay ninguno descontento, ni ganado por la locura de poseer las cosas. Ninguno se arrodilla ante los otros, ni ante los muertos de su clase que vivieron miles de siglos antes que él. En toda la tierra no hay uno solo que sea desdichado o venerable.
El otro día, en una de esas tardes en lo que lo único que te pide el cuerpo es que dejes de bañarte en un mar salvaje y te subas durante unas horas a una barca para respirar, caminaba en dirección a Sol por la calle Preciados. Era el anochecer de un día límpido, también caluroso, y todo el centro de Madrid estaba abarrotado. Se oían voces y risas y el estrujarse de bolsas de plástico por todas partes, y en una de las paredes del lado derecho había unas cuantas estanterías llenas de libros que unos grandes almacenes había rebajado. Todo estaba tranquilo en su agitación, era una tarde normal de sábado en aquellos lugares. De repente empezaron a escucharse pisadas apresuradas, carreras y gritos, y seis o siete africanos y un indio corrieron calle abajo cargados de bolsas y mantas dobladas y llenas de objetos. Detrás, la luz azulada de dos motos de la policía les pisaba los talones, esquivando a los cientos de personas que presenciaban el suceso. Abajo, un tercer grupo de municipales había atravesado un coche en la desembocadura de la vía. Y parecían gatos monteses y ratones, perros de caza y pequeños conejos, aves de rapiña y presas fáciles. Animales salvajes. Los policías, orgullosos tratando de agarrar a siete hombres que se ganan la vida como pueden, llegarán a sus casas con la satisfacción del trabajo bien hecho: de haber limpiado las calles, de haber protegido a los ciudadanos. Y mientras, a dos calles (literales) de allí, en la famosa Montera, una prostituta en cada esquina y un chulo que la mira de cerca. Y una paliza ignorada cada poco rato y tráfico de seres humanos y repulsión y vergüenza. Y la vista gorda por parte de las autoridades. Señores policías, miren ustedes bien en sus adentros cuando se metan en la cama, piensen si realmente han hecho bien su trabajo o han utilizado un placebo para su conciencia. Porque tan culpable es el que ordena la comisión de injusticias como los mandados que, pudiendo rebelarse, no lo hacen. Y, mientras, sigan metiendo en el calabozo a inmigrantes que intentan sobrevivir sin dañar a nadie y condenen una eternidad más a las prostitutas de Montera en su cárcel al aire libre. Duerman tranquilos, sí.
Cada vez soporto menos los gritos (los de dentro y los de fuera), y cada vez siento más la tensión como una bruma que se va haciendo más densa, viciando el aire de todos los lugares de esta casa. Y el pasillo está atravesado por mil cables invisibles que se entrecruzan y entrelazan y me impiden caminar, y la cocina no es más que una celda de azulejos blancos y sueños quemados. Y al final acabo mirando entre las llamas de la vitrocerámica por si encuentro las respuestas que una vez algunos encontraron en otros lugares y otros tiempos, y termino rascando con un cuchillo en la base de las sartenes por si alguien ha dibujado un mapa bajo la capa antiadherente. Y me desespero porque mi sexto sentido sólo me permite percibir la tensión como una tela de araña que todo lo abarca. Pero mi limitada percepción número seis se queda encanchada en la seda proteica y cuanto más se retuerce más se apresa. Amarga ironía. Y acabo sentada con la cabeza entre las manos y mirando entre el alcohol de todos los vasos que encuentro-por si hay escondida una llave-. Mas el metal no flota y tengo que vaciarlos para advertir que tampoco está en el fondo. Y respirar se hace más difícil y cada vez hay más hilos atados a mis piernas, y el corazón me resbala por todos los rincones de esta cárcel encubierta. Y espero más y más, y sueño tanto y tan firme que mi cerebro empieza a astillarse. Y veo las puertas aparentemente abiertas y los lazos invisibles que me atan a esta casa como si fueran cadenas de hierro y casi muero de agonía. Y por primera vez las personas a las que quiero son cargas amarradas a mis tobillos que no me permiten huir lejos, muy, lejos. Y mi vida transcurre encerrada en un presidio que aun teniendo mil ventanas me impide la fuga. Amarga ironía.
"Cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, según datos de Naciones Unidas. Y al menos una de cada cinco es víctima de malos tratos en su propio hogar, según la OMS. En pleno siglo XXI, no hay ni un solo país en el que hombres y mujeres tengan el mismo estatus, ni las mismas oportunidades. En 2002, el Consejo Europeo declaraba la violencia doméstica como un "mal endémico", al ser la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 44 años".
Y es que esta no es una lucha ajena, no es una guerra "de ellas". Esta es una lucha común: tan suya como nuestra. Yo creo en la concienciación, creo en la revolución social y en la evolución mental de las personas. Creo en un mundo donde a los niños se les eduque desde la igualdad y el respeto al otro sexo. Creo en la capacidad de la mujer para seguir luchando contra todas las trabas que se le imponen y creo en la victoria final. Creo en el equilibrio entre los sexos. Aún sigo creyendo en la capacidad humana de rectificar ante sus evidentísimos errores. Creo en el cambio, y el cambio empieza aquí y ahora. El cambio está en ti, en mí: en nuestras manos...
No caben justificaciones. No hay excusas.
El silencio también lastima. ¡Rómpelo! Teléfono de atención frente al maltrato: 016.
Ella está viva y respira y cada vez que exhala llena el mundo de pedazos de ella. Y el mundo debería estarle agradecido. Y los hombres deberían rendirle culto. Y el dolor es un poco menos intenso cuando ella lo adormece con sus palabras. Ella es necesaria, es aire, es roca contra la que rompen las olas. Ella es los ríos y el mar, la noche y el día, y la noche otra vez. Éterea, tan tangible, bella e invisible, la madre de todos, el hombro para el que llora, el mapa para el perdido, el lazarillo para el ciego, la tabla de madera para quien se ahoga. Ella es un trozo del mundo, y el mundo existe por ella.
Ella observa la vastedad del mundo que se extiende frente a sus ojos como aceite derramado sobre una base de agua salada. Puede saber dónde se esconden las madrigueras en los bosques o predecir una tormenta por cómo han dejado de cantar los pájaros. El mundo huele a lluvia y a tierra mojada y a mar y a arena del desierto. Y suena como los acantilados, como la inmensidad de los valles, como el atardecer en la montaña. Desde donde está puede olerlo, tocarlo, sentirlo.
Pero de repente abre los ojos y sólo ve el blanquecino techo plagado de manchas de su propia madriguera. Y sólo oye las voces estridentes (como uñas que arañan una pizarra con ira) de los que aparecen en la pantalla de su televisión, y el claxon furioso de los coches ahora que es el momento de volver a casa. Y no huele más que la fritanga que está cocinando la vecina de al lado.
Y se siente mareada, sangrando por todos sus poros, perdida. Una náusea recorre su cuerpo y parece una corriente de aire y humo. Y le duele y se aferra con los dedos al sillón. Una segunda náusea se apodera de su vientre tembloroso y parece mil elefantes corriendo por su esófago. Y le duele y se agarra aún más fuerte al sillón y cierra los ojos hasta que ve puntos de luz. Una tercera náusea nace de su estómago y parece una corriente eléctrica. Y ya no le duele, y abre los ojos, casi con miedo, y ya no ve la televisión, ni los muebles, ni paredes que la rodean. Sólo es capaz de ver la puerta que se alza, imponente, donde siempre se ha alzado.
Y de repente sabe que no hay otra salida que tomar esa puerta e ir a oír los valles, a oler la lluvia, a encontrar otras madrigueras. Y de repente comprende que no es otro su destino.
Y mayo, y el tiempo, y tantas voces entremezcladas, y de nuevo mayo. Confusión. Ahogo. Ganas de echar a correr. ¿Cuándo sabemos que ha llegado el momento de decir basta?
Drive my car, de The Hot Rats (versionando a The Beatles).
That don't impress me much, de Shania Twain.
Hipotécate tú, de Def Con Dos.
Sexo en la calle, de Los de Marras.
Plenilunio, de El último ke zierre.
Bittersweet symphony, de The Verve.
Bad things, de Jace Everett.
Puta, de Extremoduro.
One way or another, de Blondie.
The River, de Good Charlotte.
Behind blue eyes, de Limp Bizkit.
Comptine d'un autre ete l'ap, de Yann Tiersen.
Breathe, de Telepopmusik.
¡Ay, Dolores!, de Reincidentes.
Fuckin' in the bushes. de Oasis.
Todos menos tú, de Joaquín Sabina.
Do you want to play?, de Jewel.
Hallelujah, de Jeff Buckley (letra de Leonard Cohen).
Spooky, de Dusty Springfield.
Mujer contra mujer, de Mecano.
Toxicity, de System of a Down.
¿Quién no ha besado alguna vez a su acérrimo enemigo en cicatrices del pasado para hacer que todo el odio pase a ser papel mojado?
Así es la vida, de Los de Marras.
En algún momento hay que decidirse. Los muros no mantienen a los demás fuera sino a ti dentro. La vida es un caos, somos así. Puedes pasarte la vida levantando muros, o puedes vivirla saltándolos. Aunque hay algunos muros demasiado peligrosos para cruzarlos y lo único que sé es que si finalmente te aventuras a cruzar... ¡las vistas al otro lado son fantásticas!
Un robado deAnatomía de Grey.
Definitivamente, NO A LA PENA DE MUERTE. Es un castigo inhumano, es la negación más extrema de los derechos humanos.
"Dancer in the dark", de Lars Von Trier. Tan dura como recomendable. Maravillosa Björk.
Me confunden las palabras obligadas por el tiempo, recibidas bien o mal pueden cambiar los hechos. Claro que hace falta hablar, pero hablando no te vayas a creer que todo está muy claro: las palabras sólo son el mapa de tus pasos.
Marilia Andrés Casares.
Song of myself. XXIV
Unscrew the lock from the doors! Unscrew the doors themselves from their jambs! Whoever degrades another degrades me, And whatever is done or said returns at last lo me. Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index. I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.
Walt Whitman.
Me gustaría tanto correr a través del Louvre desierto...
Hoy he pensado en:
"Sí, Mani, hijo de Babel, estás solo, despojado de todo, rechazado por los tuyos, y partes a la conquista del universo. En eso se reconocen los verdaderos comienzos". Amin Maalouf, Los Jardines de Luz.
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"Y eso sólo porque no podía quedarse en un sitio sin cansarse enseguida de él y porque no había adónde ir excepto a todas partes, y tenía que mantenerse bajo las estrellas, por lo general las estrellas del Oeste". Jack Kerouac, En el camino.
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"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca". Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.
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"Hay más lágrimas derramadas por las plegarias atendidas que por las no atendidas". Madre Teresa de Calcuta.
"La Pie", Claude Monet (1868), Musee d'Orsay, Paris,
¡Gracias!
(...) Y no entrarás en Roma. Y tendrás que huir de Ctesifonte. ¿Qué eliges? - Mis palabras no derramarán sangre. Mi mano no bendecirá ninguna espada. Ni los cuchillos que ofrecen sacrificios. Ni siquiera el hacha de un leñador.
"¡Cuánta energía desperdiciamos escondiéndonos unos de otros, temerosos de que se nos conozca, de que nos identifiquen! Pero nosotros hemos sido identificados: cinco locos subidos a un árbol. Es una gran suerte que sepamos cómo hacer uso de esa situación. No tenemos necesidad de preocuparnos por la imagen que presentemos. Tenemos libertad para averiguar quiénes somos en realidad, si estamos convencidos de que nadie puede echarnos de aquí".
Fragmento de "El arpa de hierba", de Truman Capote.
A vosotras: que no os rendís, que seguís en pie digan lo que digan. A vosotras, que lucháis cada día. A vosotras. Siempre princesas.
"Fight Club", de David Fincher.
-La autoperfección es simple masturbación.
"Little children", de Todd Field.
-¡Escápate conmigo!
A veces el azul es tan oscuro que parece negro, y a veces el negro no es tan negro, es sólo azul oscuro.
"Cashback", de Sean Ellis.
(...) una mujer cuya fantasia secreta era tener una aventura con un artista; creía que él la vería de verdad, que vería cada curva, cada línea, cada mella, y las amaría porque forman parte de la belleza que la hacía única.
"Crash", de Paul Haggis.
-Es la sensación de contacto... en cualquier ciudad por la que camines, ¿comprendes?, pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal y añoramos tanto ese contacto que chocamos contra otros sólo para poder sentir algo.
"Juno", de Jason Reitman.
- ¿Necesitas mucho dinero? - No - ¿Un abogado? - No, no voy a pediros nada. Excepto piedad, quizás.
"Die fetten Jahre sind vorbei", de Hans Weingartner.
Cada corazón es una célula revolucionaria.
"Frozen River", de Courtney Hunt.
-Another Christmas in the tin crapper.
"Brokeback Mountain", de Ang Lee.
- ¿A qué esperas, vaquero? ¿A entrar en celo?
"Dancer in the dark", de Lars von Trier.
Durísima: habla del amor infinito, de la pena de muerte, de la desesperación. Björk está sencillamente sobrenatural en su papel de Selma Jezkova.
"Le fabuleux destin d'Amélie Poulain", de Jean-Pierre Jeunet.
Amélie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma. En ese instante todo es perfecto: la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad, la empapa de golpe.
"The dreamers", de Bernardo Bertolucci,
- Isa, ¿qué ocurre? - La calle acaba de entrar por la ventana... - ¿Qué? -¡Que han roto la ventana!
"Eternal sunshine of the spotless mind", de Michel Gondry.
How happy is the blameless vestal's lot!/ The world forgetting, by the world forgot./ Eternal sunhine of the spotless mind!/ Each pray'r accepted and each wish resign'd. ( Alexander Pope).
Mi vida en ti, en tus calles; mis noches, mis días. Las veces que me has acompañado en un paseo, las dos solas, ¿para qué más? Los días maravillosos en los que me has albergado en tus entrañas. Cientos de recuerdos en cada una de tus esquinas. ¡Cuánto te debo, Madrid...!
"Garden State", de Zach Braff.
-Si no te ríes de ti mismo, la vida se te hará más larga de lo que es.
"Almost famous", de Cameron Crowe.
- Lo único que vale la pena en este mundo en quiebra es lo que compartes cuando no eres cool.
Como parte de una misma corriente de energía... ...fluyendo.