-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

Ojos abiertos de par en par

Hace exactamente quince minutos estaba estudiando para el examen final de matemáticas que vendrá, con todas sus consecuencias, el miércoles de la semana que viene.

No sé por qué pero algo me ha obligado a levantar la cabeza y mirar al exterior, a la calle, dónde la tarde caía como gotas de lluvia al principio de la tormenta, tímida pero incesantemente.

He visto lo que veo todas las mañanas al levantar la persiana y darle los “malos días” al mundo. A nadie le gusta levantarse los lunes a las siete y media.

Como digo, he visto lo de siempre, pero esta vez ha sido distinto. Generalmente observo el parque que se extiende bajo mi ventana de manera objetiva. Veo una rosa roja cortada o una mancha en la fachada de enfrente. Nada más.

Ni yo misma sé por qué hoy todo ha cambiado. Puede que no haya ningún motivo, que haya sido uno de esos momentos en los que abres los ojos un segundo para luego cerrarlos de nuevo, o quizá hay tantas razones que no puedo distinguirlas una por una.

Sólo sé que esta vez he pensado en quién habría cortado la rosa roja y cuál es el motivo que le ha llevado a hacerlo.

He mirado las ventanas del edificio de enfrente y me he preguntado por qué hay algunas con las cortinas abiertas y otras con el visillo echado. Puede decirse que me he dado cuenta de que dentro de cada vivienda hay una historia, que no sólo estoy yo en este mundo mudo y receloso que se esconde tras puertas blindadas.

Ha sido un momento de lucidez como los que tienen tantas otras personas como yo que no se paran a pensar en la belleza de una puesta del sol de junio sobre la hierba verde y los rosales en flor.

Parecerá insuficiente, pero ver el cielo abierto y amarillento sobre el polen que flota en el aire como plumas justo después de desgarrase una almohada hace que me de cuenta de que siempre, siempre, dentro de los momentos malos hay instantes de verdadera felicidad.

Les enseñaría una fotografía del parque en ese preciso segundo si la tuviera, pero creo que nadie sentiría exactamente lo que he sentido yo, porque unos ven señales donde otros sólo casualidades.

Creo que mi memoria se cimenta principalmente en estos instantes tan breves e intensos, ya que no tengo mejor recuerdo que el de la vista de Madrid al atardecer desde la carretera de la Coruña cuando vuelvo de las vacaciones de verano, con los rayos del sol incidiendo sobre las ventanas de los edificios de oficinas; o el brillo de esa sonrisa que me hace saber que no estoy sola; o... Ahora me viene uno muy especial a la mente. Creo que es uno de los mejores recuerdos que poseo porque aún está fresco como el cemento de las aceras donde quedan las pisadas de algún transeúnte despistado. ¿Recuerdan aquella nevada del invierno pasado? ¿Esa del mes de Enero que cubrió todas las calles como una alfombra de flores blancas? Recuerdo que escuché desde la cama a mi madre diciéndole a mi padre que se asomara por la ventana, que había nevado. Me levanté apresuradamente y levanté la persiana. Lo que vi no se me olvidará jamás.

La nieve se extendía sobre la hierba y las aceras; blanca, pura, sin haber sido pisada ni una sola vez, como la mente de un niño que aún no ha perdido la inocencia; bajo un cielo morado que despedía a su última estrella de la noche. Tuve que hacerle una fotografía que ahora tengo colgada en mi habitación. Cada vez que la miro siento que, por fortuna, todos tenemos de vez en cuando un momento así en la vida.

Creo que es una de las dos mañanas de lunes en que he gritado “buenos días” al mundo que despierta.

La otra fue el día que nací.

Un lunes del mes de Enero, cuando aún era de noche.

Una noche morada.

No existen las casualidades.


Junio de 2006

4 comentarios:

incluso cuando estoy dormida sigo despierta y a veces cada noche o al menos las ultimas he pensado que me he ido a dormir igual un dia a otro...

es lunes y yo me desperte a las 5 tenia que irme corriendo a las 6

tienes razón a nadie le gusta y seguro a mas d eun vecino le pasará lo mismo

no somos unicas
pero creo que coincidimos

:)

 

Los lunes... que decir de ellos son dias que viene y, que, nadie espera anciosamente por se, lunes. Curioso no?
Yo afortunadamete este semestre no despertaré temprano los lunes (a dios gracias doy) sin embaro los matices d elunes aun no me agradan, y quisiera que el fin de semana se extendiera hasta el lunes para poder iniciar los martes la semana...

 

Que lindas palabras.... me ha encantado cuando dices que "siempre, siempre, dentro de los momentos malos hay instantes de verdadera felicidad.".... creo que estoy en ese proceso..

No sé porque los lunes son pesados... inicia la semana y da pesar... que extraño... en fin... me has gustado tus palabras, espero seguirte leyendo...

hasta entonces...

pd: gracias por pasarte por mi blog....

 

Los lunes, a pesar de que me molesta recomenzar la cotidiana y monótona rutina cada lunes, para mí es un día revitalizante, es como una buena dosis de cafeína que me mantiene elétrica toda la semana.
Tu texto me hace pensar en la canción de La Fuga, "Los lunes de octubre". Me encanta como escribes, ese toque intenso y vívido que imprimes a cada palabra y que me transporta a esos recuerdos tan bellos que describes.
Te sigo, un besazo!
http://diary-of-aschoolgirl.blogspot.com/

 

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Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.