-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

Como un lienzo de Monet.



Ayer por la tarde decidí quedarme en casa. Sorprendentemente, no tenía ganas de salir. Y digo que fue algo extraño porque por determinados motivos, demasiados como para explicarlos y no divagar sobre mil cien aspectos distintos de mi vida, soy una especie de gata callejera: siempre en contacto con el asfalto, siempre por los tejados.

Ayer quería escribir pero ninguna musa susurró palabras en mi oído, así que a los pocos minutos de mi mente fluía un torrente de pensamientos que se iban perdiendo por las azoteas de la ciudad, agitados como las hojas de los árboles que mecía el viento frente a mi ventana. Y era una corriente tan densa y tan profunda que casi podría haberse tocado con la punta de los dedos, como una brisa que pudiera teñirse de escarlata si atravesara un campo de azafrán.

Y, sin haberme dado casi cuenta, el cielo se había manchado de naranja y amarillo y rosa y melocotón. El cielo de la metrópoli, habitualmente gris o de un azul llano y demasiado artificial, era de repente un cuadro de Monet. Y yo no podía dejar de pensar en lo profundamente hermosa que estaba mi ciudad aquella tarde, y más que nunca eché de menos unas manos ágiles que supieran pintar el momento sobre un lienzo.

Y, muy en el fondo, sabía que los colores que se fundían, entrelazaban y confundían en el cielo eran producto de la contaminación que puebla el aire y las calles. Y más en el fondo aún agradecí aquella contaminación.: sólo por un momento, sólo en lo más profundo y sólo lo reconoceré por esta vez, íntimamente, ahora que nadie nos oye.

Y pensé en todas aquellas cosas que nos dañan pero que a la vez son tan hermosas que cortan la respiración y anudan el estómago. Como el amor, como una canción desesperada, como un millón lágrimas corriendo por las mejillas hasta caer al suelo y perderse por las alcantarillas.

Y tuve miedo, mucho miedo, de olvidar pronto ese momento en que me había olvidado de todo lo demás y sólo estaba concentrada en aquel lienzo impresionista. Un momento de abstracción, de tranquilidad, con la mente en blanco llena de naranja y amarillo y rosa y melocotón.

No sé pintar, es cierto, nunca podré competir con Monet. Pero tengo una cámara de fotos. Y esto fue lo que captó.

4 comentarios:

Las fotos son como las palabras, pueden contar millones de historias. ESPECTACULAR!

 

Hasta explicando cosas normales te luces ¡chica para un poco que nos dejan sin trabajo! hahaha
Yo tb he visto un par de cielos de esos que te hacen estremecer de placer... yo no pude captarlos en una foto, pero si en un recuerdo.

Y aunque los recuerdos se desgasten los sentimientos siempre perduran..


Besos querida(queridisima) Lena..
me llaman Misha por ser una gata hahah



:)(L)

 

Se me ha puesto la piel de gallina con ese cielo de melocotón, de sabor, de zumo; he visto el Monet que tu dices que no sabes pintar, pero que pintas tan perfectamente en tus palabras.
Dicen que todas las cosas malas tienen su parte buena, y tu la has encontrado :)

.un muáh de piel de naranja :)

 

vale!...la oreja de Van Gogh!!!

Viva Triana!

 

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Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.