-Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
"A todas ellas van también dedicadas estas páginas, con el extraño y alentador afecto que sólo es posible mantener entre personas que no llegan a conocerse nunca".

Soledad Puértolas, en el prólogo de Una enfermedad moral.

Verborrea.

Y suele ser a altas horas de la madrugada (o rozando ésta como se rozan las hojas de las mimosas para que se plieguen) cuando me entra la verborrea y no puedo parar. Y de pronto siento que tengo trescientas mil cosas que contar y meto prisa a golpes a mi portátil para que cargue rápido. Debe ser que me da miedo que si no se abre el Word en un momento se me olvide todo lo que está formando un atasco entre mis conexiones neuronales y las puntas de mis dedos. Y de tanto golpe el ordenador se bloquea y mientras se está reiniciando me doy cuenta de que todas las ideas se han esfumado de mi mente como humo en el aire, o que nada de lo que hace un momento me parecía fundamental lo es en realidad. Y la noche avanza y escribo a la luz de una vela (porque todo bajo su halo se me antoja más hermoso) para ver si lo que escribo le llega a la altura de los zapatos a lo que una vez salió de la mente de Virginia Woolf. Sí, con eso me conformaría y me sentiría orgullosa durante tres años o menos. Luego trataría de llegarle a ese punto intermedio entre los empeines y las rodillas que tanto duele cuando te pegan una patada, y como si a patadas se liase la vida conmigo vería que nunca voy a poder alcanzar el susodicho nivel y me escondería en mi madriguera con el rabo entre las piernas.
Siempre escribo de noche. Corrijo, siempre que escribo algo decente lo hago por la noche- lo que no significa que todo lo que escriba cuando la Luna ilumina merezca la pena: para muestra, un botón- así que he pensado muchas veces que si algún día escribiera un libro lo titularía Noctámbulos. Si Cristina Cerrada no hubiera tenido antes la idea, claro. Léanlo, es muy buen libro: un poco desesperanzador en ocasiones pero, admitámoslo, dentro de todos nosotros existe un pequeño masoquista que hace que amemos a Plath y los dramas de Sam Mendes.
Y bueno, ya no sé de qué hablaba, ni a dónde quería ir a parar, ni porqué he empezado a escribir. Y ahora que releo un poquito por encima me doy cuenta de que este texto está plagado de ies uno detrás de otro, como si fuera un suelo minado, que es una manía que no puedo evitar al escribir. Así que mejor me voy a la cama, que mi mamá me ha dicho siempre "si eres inteligente y no tienes nada interesante que decir, mejor permanece calladita".

¿Que por qué he subido esto entonces? Elemental, querido compañero: porque yo no soy inteligente.


Buenas noches (=

8 comentarios:

Personalmente prefiero escribir por la noche también. La luna es mejor amante! Si yo fuera tú, no trataría de compararme con nadie. Simplemente escribe, se tu misma, marca tu estilo, y sigue así porque lo haces realmente bien. Dices mucho, y de una forma muy personal! Llegará tu momento. Saludos!

 

en boca cerrada no entran moscas, jaja

 

Bueno, cada cual tiene sus manías a la hora de escribir. Yo, por ejemplo, soy incapaz de escribir nada si no es en mi portátil, y eso sí que me limita xD Pero no está mal, tonta (; Y el utilizar muchas íes no es malo si se hace bien, puede llegar a quedar interesante, como esto.
Un besazo (:

 

Estupendo post...muy bien explicado..me he sentido identificada.. Un saludo

 

Si es asi, yo tampoco soy inteligente x)
besos! :)

 

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Song of myself. XXIV

Unscrew the lock from the doors!

Unscrew the doors themselves from their jambs!
Whoever degrades another degrades me,
And whatever is done or said returns at last lo me.
Through me the afflauts surging and surging, through me the current and index.
I will accept nothing which all cannot have their counterpart of on the same terms.

Walt Whitman.